El cactus en el que crece la chumbera recibe el dulce nombre de Opuntia ficus-indica, o nopal, y es una maravilla: no necesita riego, sus tallos jóvenes son comestibles como una verdura y, gracias a sus espinas, su fruto tiene pocos enemigos. El órgano central de la chumbera no es una hoja, sino un tallo modificado: plano, grueso y encharcado, asegura la fotosíntesis, almacena la humedad y sirve de anclaje para la flor y el fruto. Es el tallo lo que permite al cactus sobrevivir en las condiciones más extremas.
Este cactus puede utilizarse como planta forrajera, para combatir la erosión y requiere muy poco mantenimiento. Está totalmente en consonancia con la permacultura. Aunque a veces la chumbera puede convertirse en invasora, se puede controlar eficazmente. Es una de las plantas con un gran futuro por delante frente al cambio climático.
Los granos se recolectan a mano, normalmente cuando aún son jóvenes, tiernos y ricos en mucílago: un gel vegetal natural famoso por sus propiedades calmantes, hidratantes y protectoras. Una vez recolectados, se pelan con cuidado, se limpian y se muelen para extraer la materia vegetal.
Esta pulpa puede incorporarse a tratamientos cosméticos: mascarillas, geles, lociones o cremas, sobre todo para pieles sensibles o expuestas al sol. También se utiliza en ciertas tradiciones alimentarias, fermentada o cocida, y como abono o alimento natural para animales.
Opuntia ficus-indica leaf extract
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